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Relatos breves inspirados en hechos
tan extraños como ¿ciertos? |
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“La
última luz”
La tormenta había obligado a todos a refugiarse temprano,
excepto a Mauro, que insistió en dar su paseo nocturno por el malecón. A
mitad del camino, se detuvo en seco: el haz del faro abandonado estaba
encendido, recortando la oscuridad como un cuchillo de luz. Era imposible. Aquel faro no funcionaba desde hacía veinte años. La luz giraba lentamente, iluminando por instantes el mar embravecido.
Entre cada giro, Mauro creyó ver una silueta en la parte superior, quieta,
mirando hacia él. Pero la siguiente vuelta de luz la hacía desaparecer. El portón del faro estaba entreabierto. Mauro lo empujó con cautela; el
chirrido resonó en la escalera de caracol. Subió. Cada peldaño parecía más
frío que el anterior. Al llegar arriba, encontró la sala vacía. Ni generadores, ni lámparas, ni
restos de algún mecanismo. Y, sin embargo, arriba, el faro seguía
iluminando la tormenta. En el suelo, en el centro, yacía un reloj de
bolsillo marcando la medianoche exacta. Mauro lo recogió. El reloj aún estaba tibio, como si alguien lo hubiera
dejado allí segundos antes. Lo abrió. En la tapa interna había una frase
grabada: “No vuelvas a mirar atrás.” En ese instante, el haz del faro se apagó de golpe. Y Mauro, sin saber por qué, tampoco volvió a mirar atrás. |
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17/04/2026 |
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